Sebastián Naranjo, de 12 años -tan nuevo en el mundo de los B-boys, como les dicen a los que bailan breakdance, que aún no tiene nombre artístico-, aprende a girar sobre su melena.
Con un ritmo personal ejecutan giros veloces en los que casi se puede ver la fuerza centrífuga, sobre un viejo tapete sintético negro, y practican contorsiones que dan un nuevo significado a la palabra sincronización y nuevos límites a articulaciones y ligamentos. el espectador
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